El Caballero
y la Princesa
Érase una vez, en un reino muy lejano, un joven caballero que vio por primera vez a una hermosa princesa.
Desde ese instante, su corazón quedó completamente enamorado.
Buscó la excusa más tonta del reino para hablarle.
Quizás no fue la mejor excusa… pero al menos logró hablarle.
No había minuto ni segundo en que no pensara en ella.
Su sonrisa, sus ojos, sus labios, su risa, su cabello… todo en ella era increíble.
Se fueron conociendo poco a poco, entre charlas, miradas y risas.
Un tiempo después salieron juntos… y todo empezaba a ir muy bien.
Un atardecer, el caballero reunió todo su valor y le pidió ser su novio…
¡Y la princesa aceptó!
Hacían muchas cosas juntos: salían a pasear por todo el reino…
…veían películas y series, acurrucados en el teatro del castillo…
…hacían picnics en la pradera…
…jugaban y se reían sin parar…
…y hacían pijamadas bajo las estrellas.
Un día, la princesa le regaló una pulsera.
El caballero prometió nunca quitársela. Y cada vez que la mirara, la recordaría a ella.
Pero un día, el caballero, en su inmadurez y su tontería, cometió un error…
…y le hizo daño a la princesa.
El caballero empezó a tener problemas, y creyó que lo mejor era alejarse de la princesa.
Aunque ella le pedía que se quedara para ayudarlo, él pensó que era la mejor decisión… y se fue.
Pero el caballero nunca dejó de pensar en ella.
Se preocupaba por ella y siempre buscaba la manera de saber cómo estaba.
Y así, poco a poco, pasó el tiempo…
Pasado un tiempo, el caballero le volvió a hablar… a través de una carta.
Salieron de nuevo, y esa conexión seguía ahí, igual que desde la primera vez.
Pero el caballero todavía tenía miedo de no ser suficiente para ella…
…y ese miedo, sin querer, la lastimaba cada vez más.
Hasta que un día, la princesa ya no quiso regresar a lo que alguna vez tuvieron…
…y con mucha razón.
¿El caballero debería seguir luchando por su princesa, como él prometió que siempre lo haría?
Pero el caballero recordó su promesa: luchar siempre por su princesa.
Tomó su espada y su escudo… y la pulsera en su muñeca brilló más fuerte que nunca.
Atravesó el Bosque de las Dudas, donde los lobos le aullaban que no lo lograría.
Pero él siguió adelante, sin rendirse.
Luego llegó al Puente de la Inmadurez, donde vivía la bestia que un día lo hizo equivocarse.
Esta vez, el caballero no la dejó ganar.
Y al final del camino lo esperaba el más grande de todos: un dragón llamado Miedo.
Su fuego era tan fuerte que al caballero le costaba muchísimo mantenerse en pie…
Pero entonces pensó en ella… y su espada empezó a brillar.
Con todo su valor avanzó entre las llamas… y por fin venció al Miedo.
Las espinas de los problemas que rodeaban la torre se desvanecieron, una a una…
Y el caballero, por fin, llegó hasta su princesa.
¿Qué esperas para decirle a tu caballero que aún puede luchar?
El caballero entendió que su princesa estaría bien, incluso sin él.
Porque ella era fuerte, valiente, y brillaba con luz propia.
Pero él siempre estaría ahí, cada vez que ella lo llamara.
Porque un caballero jamás abandona a su princesa.
Fin